Un anónimo nos cuenta Sobre OpenFloor

Siempre fui un bailón. Buscando contextos donde realizar esa pulsión innata he recorrido diferentes territorios para estar en todos los lados posibles de esta práctica que llevo descrita en los genes... de niño abría la pista de las verbenas y de adolescente la de las discotecas... no recuerdo cómo aprendí a hacerlo, lo mismo que hablar.

He bailado desde el suelo, sobre el escenario, debajo del escenario, junto a los músicos o dentro de ellos. He buscado siempre y he pensado que si algún hecho musical no me gustaba no era por el hecho en sí, sino por mi falta de educación cultural sobre ese fenómeno concreto. Cuando no quieres que te enseñen el mapa, cuando no quieres que te cuenten cuentos, cuando no quieres que te preparen para nada, solo mover, bailar, escuchar, explorar, simplemente pertenecer, sin juicios, sin expectativas, sin requisitos previos; entonces te mueves, escuchas, bailas, exploras y perteneces. Y sin dar opinión incorporas en tu ser y das las gracias.

En el recorrido encuentro este regalo en Santander, una sala donde la música y bailar se presentan sin ser subproducto de otras cosas, una especie de pequeño garito donde se han eliminado la barra de bebidas, el suelo de baldosa con chicles pegados, los sucedáneos, los camellos y otros animalillos... En su lugar encontramos unas instalaciones con un sonido impecable, un suelo especial donde puedes revolcarte, andar descalzo, saltar, rodar, reptar ... donde el dj es ahora una experimentada bailarina y profesora de danza con muy buen gusto y un buen cuaderno de apuntes con valiosos recursos atemporales que recopila en sus viajes formativos, que ofrece una sesión musical repleta de intenciones y unas pautas con susurros que suman en la experiencia. Aquí las sustancias y engranajes son engendrados por nuestro sabio cuerpo y las ondas sonoras.

Llegar es como caer de repente de la nada, como despertar después de una siesta... tu estabas con tu historia, a toda velocidad, o tal vez tenías un día tranquilo y venías con ganas de agitarlo: no importa, te invade una sensación de haber aterrizado en un mundo raro... A veces ya hay otros allí, con su movimiento perdido en el abismo, tímidos, buscando el confort en en el suelo, como recién paridos... a veces eres tu el primero en salir y otros se van sumando de la misma forma descrita.

Lo que ocurre después es pura vida y no te lo pienso contar ...

 

 

 

 

 

 

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